martes, 3 de febrero de 2009


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EL CARACOL

Después de saludarme, el caracol me pidió como
favor muy especial que le llevase a un oculista
porque no veía demasiado bien.
Con dificultad encontré uno dispuesto a graduarle
los cuernecillos, cosa que fue un éxito.
Un mecánico ajustó los diminutos lentes al gasterópodo.
Me sentí feliz de haber hecho una buena obra.

Lo que me duele es que ahora el caracol no me saluda.
Ya sé que mundo está lleno de ingratos y supongo que
esta experiencia me servirá para otra ocasión.

JULIÁN GUSTEMS
( de "ABREVIATURAS")

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