lunes, 30 de abril de 2018

(Pájaros sueltos, Ráfagas)
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¡BENDITA SEA LA SOLEDAD BUSCADA, 
cuando por fin se la encuentra! 
Mas la soledad impuesta, 
es una MALDITA SOLEDAD.
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ANGALU
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sábado, 28 de abril de 2018




(Poemas de Angalu)
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VERSOS DE POLVO Y CENIZA

No se por qué ni para qué escribo
si cuando miro el Universo
me escurro en mi propio suspiro.
Nacer. Vivir. Morir. Solo eso.
Besos de chocolate amargo.
Aromas de rosas y espinos.
Lágrimas de sal y azúcar.
Del trepar al paso lento
-cual la rabieta de un niño-
pasarán unos cuantos años
y todo quedará en olvido.
Versos de polvo y ceniza
en los papeles mugrientos.
En la pequeñas arrugas
escondidos sufrimientos.
Y en las chispas de los ojos:
los fuegos artificiales,
las tracas de los deseos,
los amores que perduran
a pesar que pase el tiempo.
¿Dónde irá a parar el alma
cuando se escape del cuerpo?
¿Por qué nacemos poetas
y escribimos tantos versos,
si no somos siquiera un chiste
que haga reír a los muertos?
Nacer. Vivir. Morir. Solo eso:
Versos de polvo y ceniza
perdidos en el Universo.
*
Ángeles Garrido Luna
Angalu
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lunes, 23 de abril de 2018





(Cuentos de Angalu)
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Hoy, día de San Jorge y del Libro, os dejo como regalo este cuento para que se acostumbren a leer vuestros hijos o nietos. Espero que les guste.
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UNA HISTORIA TRANSPARENTE

En una de las escaleras de un alto edificio, vivían tres amigos: Juan, el mayor, tenía doce años, Elvira, once y Mónica, diez.

Aunque iban a colegios diferentes, tras la merienda y hacer los deberes, se juntaban en un solar de enfrente y Juan leía un libro de cuentos que le había regalado su abuelo.

Eran cuentos muy especiales, porque parecían historias de verdad.

A veces comían pipas y se turnaban la lectura, pero siempre, siempre, las cáscaras las metían en un cucurucho de papel fino que luego, ya en casa, tiraban al contenedor de basura orgánica.

Una vez, sentado en un inclinado tronco de un viejo árbol que según le habían contado, vivió erguido mucho tiempo en aquel solar, Juan comenzó a leer, mientras Elvira y Mónica comían pipas:

“No podemos hablar, ni falta que nos hace, pues hacemos tanto ruido que a muchos se os pondrían los pelos de punta.

Unos somos bastante gordinflones. Otros y otras, no tanto. Pero aunque seamos de colores diferentes, todos, todos, somos transparentes.

Cada uno, tenemos más vidas que los gatos. Y dicen de éstos que tienen siete. Así que, cuando hayáis leído ESTA HISTORIA TRANSPARENTE, podéis calcular si vale la pena de que así sea.

Nos podéis encontrar en muchas partes, sin salir de vuestra casa. Pensad un poco, en algo incoloro, o verde, azul, oscuro casi negro, y transparente. Como una botella, por ejemplo, que lo mismo puede contener agua, que vino o cualquier refresco.  Eso sí, pensad en algo transparente que no sea de plástico. Como el búcaro que le regaló vuestro padre a vuestra madre con una rosa roja en día de los enamorados. El bote de la confitura también vale. O el frasquito de colonia de la abuela. O sea, para abreviar, todo lo que es de cristal. Porque a vuestra edad, sabiendo leer, también sabéis de sobra lo que es cristal, ¿verdad?

Como supongo que hasta aquí estáis conformes, sigo:

Imaginad ahora que un muchacho mayor que vosotros, desde la calle, le da tan fuerte puntapié a su pelota, que rompe el cristal de una ventana. ¿Qué van a hacer los mayores, además de reñir al culpable? ¿Cambiarlo, no?  Porque el cristal de una ventana no puede estar roto, pues dejaría pasar el aire cuando hace frío, o la lluvia cuando llueve.¿No?

Como imagino que estamos de acuerdo, ahora os pregunto;

¿A dónde irán a parar esos cristales? Y me contestaréis que a la basura ¡claro!. ¿Pero dónde? Y estoy seguro que me contestaréis que con las demás cosas de cristal. Con las botellas, tarros, vasos y demás cosas que ya no pueden usarse y que además os pueden causar cortes y arañazos.

Pero ¿sabéis que nos hacen?. Creo que no. Por eso os lo cuento.
Aunque creáis que no podamos protestar cuando nos tiran al contenedor de cristal, se arma un griterío tremendo. Nos tiran con fuerza y chocamos unos con otros. El que no estaba roto, se rompe. Nos hacemos cosquillas y gritamos todos los trozos como locos. Nos reímos. O lloramos si nos hacemos daño, pues unos sobre otros, con el peso, nos aplastamos. 

Cuando los contenedores de las calles están llenos, nos vuelcan en un camión y ¡hala! ¡a gritar todos! Entonces todavía más fuerte. Pero nos divertimos, que conste. Ya nos hemos acostumbrado a los porrazos y nos reímos unos de los otros. Y es divertido ver como caemos y nos vamos rompiendo.

Luego nos llevan a una factoría o fábrica muy grande y ahí sí que nos lo pasamos pipa. Acabamos tronzándonos de risa. Y así, hechos pedacitos, nos pasean por cintas después de clasificarnos por colores. Y, aunque es muy difícil reconocer el resto de pedazos de nuestros cuerpos, porque somos muchos, chocamos ya casi sin rompernos, subimos y bajamos toboganes que corren solos y nos vuelcan en contenedores más grandes que los de las calles. 

Después nos lavan y duchan con agua muy caliente que huele muy rara, -aunque siempre han dicho que el agua no huele- salimos muy brillantes, nos secan con fuego, nos vuelven a juntar y salimos de allí todos nuevos, convertidos en vasos, garrafas, botellas, jarras y jarrones. Y también algunos, en cristales para ventanas. O en ladrillos transparentes para que algunas paredes dejen pasar la luz. 

Y todo eso... ¡muchas veces!. Ya he dicho antes que tenemos más vidas que los gatos.

Ahora que ya sabéis esto, recordad que no nos debéis dejar mezclados con otras materias. Y mejor limpios y transparentes para que esta historia continúe.

Tengamos la forma que tengamos, los cristales, os saludamos y os damos las gracias.

Ángeles Garrido Luna
"Angalu"
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martes, 17 de abril de 2018





(Cuentos de Angalu)
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(Este cuento va dedicado a mis tres nietas: Carolina, Patricia y Valeria)

UNA ABUELA EN EL AUTOBÚS


María, Marta y Mercedes eran tres hermanas de siete, seis y cinco años respectivamente, y aquel día fue divertido ir al parque con su abuela en autobús.

Así que después de esperar un ratito en la parada, dejaron subir a toda la gente primero, porque su abuela llevaba bastón y prefería subir la última, con calma y despacio.

Pasaron ellas tres delante y se sentaron en dos asientos. María cogió a Mercedes y la acomodó en su falda porque por la peque no iba a pagar billete, y esperaron a la abuela. Ésta. apoyó el bastón con fuerza para subir más cómoda, pero tras hacerlo se le escurrió el bolso desde el hombro hasta el suelo, y al levantar el bastón para cogerlo, se le escapó, se abrió y se esparcieron todos los monederos de distintos colores que llevaba dentro.

Entre varios señores, muy amables, se los recogieron todos, se los pusieron dentro del bolso y la ayudaron a recomponer su postura, ya que la otra mano la tenía apoyada en el parabrisas para no caerse.

María, Marta y Mercedes reían a gusto, mirando al conductor como observaba a su abuela con cara de ogro dispuesto a comérsela entera.

Ya recompuesta y con todo en orden, tenía que pagar a aquel impaciente conductor, que llevaba retraso por culpa de un jovencito que le adelantó de forma imprudente en la anterior parada. Tendría que entregar un Parte por su retraso y recibiría una reprimenda de la empresa. ¡Y no estaba para más bromas!

La abuela, despacio, abrió el bolso diciéndole al conductor que no tuviera prisa y que no pusiera el autobús en marcha hasta que estuviese bien sentada. Se rascó la cabeza tratando de recordar el color del monedero que contenía las monedas de dos euros y al no conseguirlo comenzó a abrir uno tras otro, todos los que llevaba. El rojo contenía un montón de moneditas pequeñas de un céntimo. El naranja, de cinco. El amarillo de veinte. El verde de cincuenta. El azul de un euro. Y por fin, el último, de color morado, tenía que ser el de dos. Pero no quedaba ninguna moneda y como ya tenía cerrados los demás monederos, buscando el que contenía las monedas de uno, comenzó por el rojo otra vez, como hacía siempre, por orden, según los colores del arco iris.

Se acercó amablemente a ella uno de los señores que la habían ayudado antes, diciendo:

-¿No se acuerda usted de que color es el monedero que contiene las piezas de un euro?

-No.

-Pruebe con el azul.

-Pues sí. Tiene usted razón, éste debía de ser, pero tampoco me queda ninguna pieza. -Dijo palpando con los dedos todas las esquinas.

Ante esa respuesta, el conductor que ya estaba muy alterado y nervioso le dijo con cara de pocos amigos:

-¡Siéntese y y me pagará luego!

-¡Quiá, no señor, yo soy persona muy honrada y no me siento sin pagar primero!

Y siguió buscando entre los demás monederos de colorines hasta que el señor le señaló el color verde. Pero solo quedaba una moneda de 50 céntimos que se metió aparte en un bolsillo de la chaqueta. 

-¡Siéntese! -gritó el conductor.

-¡Quiá, no señor, primero tengo que pagar!

Y siguió abriendo sus monederos. En ninguno quedaban ya monedas, salvo en el último que estaba abarrotado de piezas de un solo céntimo. Y comenzó a contar en voz alta, seguida de los pasajeros más cercanos, con intención de ayudarla, mientras las nietas reían divertidas.

Lleno de furia, rabioso como un perro cuando ladra muy fuerte, soltó las palabras de golpe, tan aprisa, que parecía que se perseguían unas a otras:

-¡O se sienta de una puñetera vez o arranco!

Y la abuela, con paciencia de santo, le dijo suavemente:

-¡Quiá, no señor, no me siento si no pago! Y no me distraiga, por favor, o tendré que comenzar a contar otra vez!

-¡Lo que me faltaba! ¡Por Dios Bendito, siéntese de una vez que yo le regalo el viaje! Pero a la próxima, vaya usted al ayuntamiento que le den la tarjeta gratis que hacen a los jubilados.

-¿Gratis?... ¡Quiá, no señor, que yo puedo pagarlo, no soy pobre!

-Haga lo que quiera. Este viaje yo se lo regalo. Pero siéntese por favor de una vez, que si no, me va a penalizar la empresa por el retraso.

Cuando por fin le cedió una señora su asiento, detrás de sus nietas, se sentó y arrancó por fin el autobús que las llevaría hasta la esquina del parque, y todos los pasajeros se pusieron a aplaudir entre risas.

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Ángeles Garrido Luna
Gerona
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viernes, 13 de abril de 2018

(Cuentos de Angalu)
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T R E S    C U E N T O S    P A R A     P E N S A R 


PÁJAROS

Arriba los estorninos como negros nubarrones, amenazantes. Más abajo las cotorritas verdes con plumas amarillas en el pecho, desplazando a los alegres gorriones; asustando  a las pacíficas palomas blancas y a las atontadas tórtolas. 
Arriba un augurio de tormenta sin agua, con un espeso y apestoso granizo blando que lo contamina todo y es urgente retirar.
Abajo las orquestadas voces de protesta y algarabía continua, dejándose ver al saltar de rama en rama, sin miedo a nada, porque la unión hace la fuerza y lo saben.
Las gaviotas reclaman su morralla a los pescadores cuando vuelven de la mar. Pero también emigran remontando los ríos, anidando en las terrazas, atacando a quien se acerca.
Aviones y golondrinas ya no invaden las ciudades para limpiarnos de mosquitos. 
Y esa revolución de los pájaros no es una película. Es una realidad. 

*


PAJARRACOS

Arriba los buitres y las águilas dejándose engullir por los vientos ascendentes. Más abajo las presumidas y apestosas abubillas, escondiéndose entre las ramas como si se tratase de una trastienda. Los Cuervos amenazantes, a la espera de cualquier presa. Los mirlos embaucándonos con sus trinos para esquilmarnos los frutos de la vega y de la huerta. Y más abajo, los grajos, anunciando el frío que nos acecha.
Tampoco es una película de pájaros. Es una realidad.  

*


PÁJAROS SIN ALAS

¿Se les atrofiaron las alas?. Les creció la cabeza y el cuerpo de tanto esquilmar. Son de peso pesado y no pueden volar. Están por todas partes. Se pelean y se atacan, pero como cada día son más, no nos van a dejar nunca en paz. Su profesión tiene la “P” de parásitos, y son peor que las siete plagas de Egipto para nuestra sociedad.
Piensa lo que quieras. ¡Seguro que acertarás!

*

ÁNGELES GARRIDO LUNA
GIRONA
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domingo, 1 de abril de 2018




(Poetas de hoy - Poetas amigos)
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ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO...
a través del cristal de tu mirada,
vuelve el ave a su morada.
Así en la tierra como en el cielo...
enterrados entre anhelos,
resbalaron tus cabellos.
Así en la tierra como en el cielo...
ya no vuelves a mirarme,
y dejé de enamorarme.
Así en la tierra como en el cielo...
escondí una canción suicida,
si pudiera repetirla.. dejaría la bebida.
Así en la tierra como en el cielo...
con los pies de monedero, 
y los brazos de sombrero.
Así en la tierra como en el cielo...
no hay camino, solo un sueño:
derrotad todas las armas y salvad a todo el pueblo.
Así en la tierra... como en el cielo.
*
PETER PUIS RODRIGUEZ
Molina del Segura

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sábado, 31 de marzo de 2018







(Cuentos de Angalu)
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"LA CULPA ES DEL PP" 
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Esta historia no comienza el día que se fundó dicho partido con los pedazos sueltos, más o menos grandes, del anterior denominado ALIANZA POPULAR. 
Ni con Fraga. Ni con Aznar. Ni siquiera con Rajoy. 
Esta historia comenzó un soleado primer jueves de Noviembre, cuando la vetusta abuela de una numerosa familia de la ciudad, tuvo la ocurrencia de reunir, con motivo de su cien cumpleaños, a toda su prole, invitándolos a comer al aire libre en la terraza del Santuario de Los Ángeles de Gerona; lugar por el que sentía una profunda devoción. 
Para entrar en situación, convendría al lector ir cerrando de vez en cuando los ojos, imaginar cuanto se describe aquí, y luego abrirlos de nuevo para poder seguir leyendo. 
En esta tesitura y entrados en harina, tienen todos mi permiso para sentarse en un cómodo sillón de su casa, con un café, refresco o copa al lado, para engullir más a gusto la lectura. 
O si lo prefieren, se llevan el libro a la montaña, a la playa, al campo, o donde les dé la real gana. Lo importante es sentirse a gusto, que ya bastantes disgustos tenemos en la vida. 
Y para solazarnos con cualquier lectura, es preciso pasar de todo lo demás o sentirnos rodeados de un ambiente lo más sereno y silencioso posible. 
Soltado el rollo de este preámbulo vayamos a la ENJUNDIA: 
La abuela cebolleta de esta historia se llama Paca y ha tenido, tiene y seguramente seguirá teniendo mientras viva, tal genio y empaque, que nadie en su familia se atreve a llevarle la contraria. 
Consciente de que con su edad es preciso aprovechar el día a día como un regalo divino, maquinó con todo detalle esa comida de celebración; y para que el gasto no fuese tan elevado, llamó al Restaurante para encargarles arroz para cuarenta personas, sin que le cargaran el costo de camareros, ni mesas, ni sillas, porque eso ya lo realizarían entre toda la familia. 
Arroz por ser jueves. Agua, pan, vino, patatas chips y aceitunas para picar y sin postres. La gigantesca tarta ya la llevarían las cocineras de la familia. 
Les pidió que para ese día, retiraran las mesas y sillas de la gran terraza al aire libre, salvo unas cuantas para depositar las paelleras. 
Y cuando ese jueves irremediablemente llegó, porque el tiempo llega así: irremediablemente, el enjambre de vehículos copó todos los rincones de aparcamiento. 
Se formó un barullo infernal. La chiquillería salió disparada como pájaros enjaulados recién puestos en libertad. 
Los jóvenes y adolescentes hablando de las tres emes: música, motos y mozas. 
Los de mediana edad, de fútbol o política, y los mayores de las últimas dolencias padecidas. ¡Todo normal! 
Lo que no resultó tan normal tras los besos y abrazos de salutación de unos con otros, fue el que sacaran del maletero tableros, caballetes, sillas de camping, y subiendo cargados como burros las escaleras hasta la terraza, -en lugar de aprovechar el amplio comedor cubierto- formaran alrededor una gigantesca mesa y la forraran de mantel de papel, haciendo correr el rollo industrial todo a lo largo de ella, sujetando de vez en cuando con apropiadas pinzas para que el viento no se lo llevara al quinto pino. Colocaron las sillas de camping alrededor. 
Y mientras los peques jugaban a pelota, al escondite, a tirarse de los pelos o zurrarse, los caballeros iban y venían de la cocina con los platos y las paelleras humeantes, las bebidas, los cubiertos y las servilletas de papel, que las damas iban ubicando adecuadamente, colocando una piedra encima para que no se las llevara el viento. 
Por ese motivo, los jóvenes más forzudos llevaban un buen acopio en capazos de goma que les habían prestado los obreros de una casa en construcción en la ciudad. 
Estaban todos sentados, cuando la abuela, caminando despacio, llegó apoyada entre su lujoso bastón con mango de plata y su hijo mayor al otro lado, luciendo un elegante vestido de terciopelo azul con zapatos forrados a juego, como si aquello fuera una boda de lujo. Tras los “ohes” de rigor y batir palmas, desfilaron con orden para darle un beso, y luego tomaron asiento en silencio hasta que aparecieron las patatas fritas y las aceitunas, y la chiquillería fue alternando sus juegos con el picoteo; los pájaros poblaron la gran catalpa, el gran tilo del centro y demás árboles circundantes, ya sin hojas, a la espera de su banquete de migajas. Todo normal. 
Como normal resultó, al principio, el transcurso de la comida, incluidas las conversaciones iniciales de los adultos. 
Con el sarao político que se estaba armando por doquier, el tema resultaba ineludible. 
Entre las casi treinta personas mayores de edad, descontados los niños, había de todo: altos, bajos, gordos, flacos, inteligentes, necios, presumidos, pasotas, ambiciosos... pero por respeto a la abuela y su genio, mesuraron tanto el tono, que al principio parecía una balsa de aceite. 
No faltaba allí representación alguna del multicolor panorama votante. Desde la izquierda más recalcitrante a la derecha más extrema, sin dejar el más moderado centro o los pasotas que no se molestan siquiera en ir a votar. 
Así, Pedro, simpatizante del PSOE, pero no del PSC, nieto de la homenajeada, bonachón y tolerante, se dirigió a un primo que era voluntario de los de verdad, de los que no chupan ni cobran pero trabajan por la causa de la independentista ANC: 
-Dime primo Albert, ¿Qué representa para ti el tener colocada en la terraza de tu casa pendiendo de un asta, la estelada azul? 
-Una idea nueva. 
-¡Ya! Porque idea vieja, desde luego no es. Ni tiene historia ni tiene base. Encima se parece a la cubana y a la de Puerto Rico. Os tendrían que demandar por plagistas. 
-No digas eso, Pedro, que no es igual La de ellos son tres barras rojas sobre blanco. 
-Y la vuestra, -y no digo mía- cuatro sobre amarillo. Pero estructuralmente es calcada. ¡Qué falta de imaginación! ¿No tenemos la de siempre, la cuatribarrada normal? 
-Para diferenciarla de Aragón y abrir una nueva etapa. 
-¡Ahí te quería ver! Porque su origen es Aragón. Y una nueva etapa, porque lo que es la Historia, la habéis retorcido hasta la saciedad. 
-¿Tienes algo contra mí? Yo no ofendo a nadie. 
-¡Qué bien enseñado estás! Cuando os faltan argumentos lucís el victimismo. 
-¡No discutáis de política! - gritó la abuela con furia y por un momento se hizo un silencio absoluto. 
Hasta los niños se acercaron a ella y dándole besos le dijeron que no se enfadara, que no le convenía a su edad. 
-¿Que no me conviene a mi edad enfadarme? ¡Pues si que estamos bien! 
Tras un momento de silencio en el que se calló hasta el aire, alguien comenzó a hablar de fútbol. Entre simpatizantes del Madrid, del Betis, y del Barça, pronto se armó tal barullo que la abuela volvió a estallar enfurecida: 
-¿Es que no sabéis hablar más que de política o fútbol, atajo de necios? 
-¿De que vamos a hablar, si no, querida abuela, de trapitos como las mujeres? 
-Podéis contar chistes, cosas que os han pasado o que habéis hecho. ¿Es que a estas alturas os voy a tener que decir que nuestro diccionario tiene más de ochocientos mil vocablos para que escojáis solamente dos para hablar? 
-Bueno, pues vamos a contar chistes y te dejaremos contenta. -Añadió Pepe, el más tranquilo y pacificador de la familia-. Pero ten en cuenta abuela, que hemos comenzado hablando de política porque es lo que más nos preocupa, hoy por hoy, a todos. Y la culpa es del PP. 
-¿Y tu dices eso? Si nuestro partido está de acuerdo con él. Déjalo en paz, que bastantes problemas tiene, el pobre. 
-¡Y los que se le avecinan! - Añadió Claudio, su padre, afiliado de Ciudadanos. 
-¿Pobre? ...¡ya quisiera ser yo tan pobre como ellos! 
-Más ricos son los “Pujoles” y no los nombras. ¡Como antes eran de tu onda ... 
-Y ya no digamos nada de los ERES de Andalucía. -Añadió Cándido, hermano de Claudio, de extrema derecha que ya no se casaba con nadie desde que su partido desapareció. 
Casimiro, dándose por aludido, tras mirar a diestra y siniestra inspeccionando que nadie ajeno a ellos pudiera escucharle hablando con empaque saltó: 
-Al Venerable no me lo toquéis. ¡Menudo montaje que habéis orquestado! 
-Para montaje el vuestro sobre los Eres. ¡Menuda exageración! ¡Ningún gordo se ha metido nada en el bolsillos! 
-¡Todo ha sido para los trabajadores! - Soltó alzando la voz Pedro, defendiendo a sus socialistas. 
Y la abuela, levantándose, dio tal puñetazo a la mesa, que hizo que saltaran al suelo los vasos de plástico más cercanos, mojando a la más pija de sus nueras de vino tinto, que se levantó y fue corriendo al bar para que le dieran algo que amortiguara la mancha. 
Tras un momento de silencio, Felipito, el biznieto mayor, de quince años, exclamó: 
-Está bien VISA, vamos a contar chistes. 
-Felipito, no me llames VISA, que no soy una tarjeta de crédito. 
-Bueno, biyaya, -Dijo, porque bisabuela le resultaba demasiado largo, comenzando a contar chistes. 
Y riendo, todos se lanzaron al ataque, dispuestos a dar buena cuenta de las paellas. Todas estaban en hilera en mesas metálicas. Todas compitiendo en negrura por el requemado sofrito. Todas con tropezones minúsculos, difíciles de ver y repartir, porque, encima, se había separado el hueso de la carne por exceso de cocción. El arroz estaba algo crudo y la centenaria comenzó a quejarse de que estaba demasiado duro para sus dientes. Pero como a buen hambre no hay pan duro y ya era tarde, siguieron comiendo. A pesar de la apariencia, el sabor estaba aceptable. 
Pero los niños en lugar de apartar los huesecitos, los cogían disimuladamente y por debajo de aquella gran e improvisada mesa, se los lanzaban unos a otros. 
Los mayores, encargados del reparto, extrañados de no ver desperdicios en sus platos, les echaban de vez en cuando tropezones sin arroz, y ellos sonreían mirándose de reojo, felices y complacidos. 
Terminadas las paellas, las hijas de la homenajeada sacaron de unas neveras portátiles, surtidas bandejas de caprichitos pica-pica, que en previsión de que aquella comida les supiera a poco, habían preparado en casa. 
Mientras, los nietos mayores, iban surtiendo de vino tinto aquellos vasos de plástico, sin que nadie se diera cuenta, y, trago va y trago viene, se iban poniendo achispados. 
Y como cuando alguien se achispa, se escapan los frenos a las ideas, volvieron a hablar de política. 
-¿Y tu a quien votarás? -Preguntó el nieto mayor al que le seguía. 
-¡Podemitas! O lo que más se le parezca- dijo casi gritando. 
Y la abuela, que por ser del ramo del agua, no había probado el vino, se levantó de un brinco y respondió hecha una fiera: 
-¿Podemitas...? ¡ Los Podemitas son a la Democracia como a una cabeza pensante una invasión de piojos ! 
Las risas estallaron. Los que habían votado a la derecha, por considerarlo una comparación merecida. Y los demás, por considerarlo un halago, al ir en contra de lo establecido. 
A la hora de repartir las diversas tartas, reinó el silencio. 
Todos se relamían de gusto y no les apetecía hablar. 
Y mientras la abuela pellizcaba a miguitas su porción para saborearla más a gusto, se le acercó uno de los biznietos: 
-Ahora que por fin te han dejado sola un ratito ¿puedo hacerte una pregunta, biyaya? 
-Dime, cariño. ¿Qué es lo que quieres saber? 
-Cuando alguien dice de otro que es más vivo que el hambre, ¿qué significa? 
-Significa que los muertos no comen y por tanto nunca tienen hambre. Así, decir que alguien es más vivo que el hambre viene a significar que es muy vivo, muy pícaro... 
-¡Vaya jilipollez! 
-Si, cariño, sí. Tontos los ha habido siempre. Pero ahora, decir jilipollas está de moda. 
-¿Tontos y jilipollas es lo mismo? 
-Más o menos. 
-¿Y por qué mi mamá te llama antigua? 
-No me llaméis antigua. Antiguos eran los de hace más de dos mil años. 
-¿Cómo el Antiguo y Nuevo testamento? 
-Así es. Me complace que a pesar de parecer un pijo, a veces me comprendas. -le contestó. Alguien de los que estaban jugando le lanzaron un pelotazo a la cabeza que interrumpió la conversación, originando otra trifulca... 
-¿Quién me ha deshecho el moño? ¡Malditos críos! 
Antes de que nadie contestara, del lado contrario le llegó volando un trozo de pastel que le dejó en la cara un pegote de nata. Se giró y vio como varios se estaban lanzando las sobras entre las protestas de las madres, mientras los padres hablaban de fútbol. 
Cogió su bastón y se levantó a estirar orejas a diestro y siniestro preguntando con sumo enfado: 
-¿Quién ha comenzado la pelea esta vez? 
-La culpa es del PP.- Contestó el más pequeño. 
-¿Cómo que la culpa es del PP? 
-No hace mucho han dicho que de todo la culpa es del PP, por no ser capaz de dar puñetazos en la mesa y decir: ¡Hasta aquí hemos llegado!. 
Y la bisabuela estalló en tan soberbias carcajadas, tan seguidas y furibundas, que comenzó a ponerse roja y a fallarle la respiración. 
Y al primer resuello volvía a la carga, sin dejar de reír. 
Y del ataque de risa, cayó al suelo y ya nada pudieron hacer por ella. 
Se quedó tiesa. 
Y después de comprobar sus hijos que realmente estaba muerta, seguía con una jocosa expresión de risa en su rostro. 
Llamaron a la polícía y ésta a una ambulancia, pero nada pudieron hacer. 
Levantaron el atestado, en medio de un silencio sepulcral. 
El sol soplaba con furia y solamente se oía el crujir de las ramas. 
El chaval, cerca de ella, estaba triste pero no sabía si reír o llorar y el policía le preguntó: 
-¿Tu sabes cómo ha muerto tu abuela? 
-Bisabuela. 
-Bien, tu bisabuela ¿cómo ha muerto? ¿estabas cerca? 
-Sí. Entre todos la mataron y ella sola se murió. -¿Cómo puede ser eso? 
-Nos peleábamos todos. La estábamos armando gorda y ella se enfadaba mucho. Y luego, peleándome con mi primo, me preguntó quien había comenzado la pelea y le dije que la culpa era del PP y le dio un ataque de risa tan fuerte que ella sola se murió. 
El policía miró al muchacho algo incrédulo pero siguió tomando nota y al día siguiente en la prensa local salió la noticia con el irónico titular: “Ayer, en los Ángeles, celebrando su centenario, felizmente murió Rufina de un ataque de risa”
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Ángeles Garrido Luna
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ANGALU


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