EL AMOR
Cuando pedí a aquella niña una prenda de su amor me suplicó que no insistiese .
-¿No te basta con que lo afirme? -me dijo.
Pero yo seguí exigiéndole una prenda de amor y de fidelidad definitivas y, al fin, me entregó un dedo.
Ahora, que nos hemos casado ha intentado recuperar por todos los medio su dedo y los otros que sabe a quien entregó ni cuándo, porque dice que con solo el que le he devuelto le será difícil andar por la vida.
JULIAN GUSTEMS
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario