viernes, 6 de febrero de 2009

EL AMOR

Cuando pedí a aquella niña una prenda de su amor me suplicó que no insistiese .
-¿No te basta con que lo afirme? -me dijo.
Pero yo seguí exigiéndole una prenda de amor y de fidelidad definitivas y, al fin, me entregó un dedo.
Ahora, que nos hemos casado ha intentado recuperar por todos los medio su dedo y los otros que sabe a quien entregó ni cuándo, porque dice que con solo el que le he devuelto le será difícil andar por la vida.

JULIAN GUSTEMS

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